diciembre 31, 2015

Fue



Diles que me destrocé los huesos un par de veces. O que ayudé a alguien a cruzar la calle. O que traicioné… Que callé. Que herí. Que ayudé.
            Caí.

Diles que lloré mucho. (Que este año tuve menos crisis). Que estuve algo sola… Pero que amé. Amé mucho. Y reí. Suspiré.
Eso me sostuvo todo este tiempo.

Diles que este año ha sido el más cabrón de todos, de golpe mis mujeres comenzaron a decaer y yo junto con ellas. Diles que mi alma se iba calcinando cada vez que ellas visitaban un hospital. Diles que morí cuando esos cabrones no le encontraban la vena para administrarle el suero. Diles que no pude dormir en el piso del hospital. Pero que estuve despierta. Cuidándola.
Diles, en general, que se nos rompió la cadera. Que nos cayó cáncer. (Que nos dio en la madre).
Que tendremos que vencer…

Diles que aquella vez en las escaleras de la universidad, le llamé a mi papá y, llorando inusitadamente, le dije que tenía un problema... Diles que lo solucioné y que de eso estoy aprendiendo muchísimo. Que ahora soy un poco más fuerte y que ya no me da tanto miedo pedir
ayuda.

Diles que di clases. Que los apoyé mucho. Que les regalé risas. Que me guardarán en sus memorias. Que ellos estarán en la mía
para siempre.

(Diles que hay personas que creen en mí. Diles que ella, por ejemplo, me dijo que yo era una excelente narradora. Que casi termino la carrera. Que casi…)


Diles, también, que alguien me obligó a ser feliz, que amo demasiado. Diles que ese alguien me devolvió la dermis. Diles que la verdadera calma existe en mí cuando estoy a su lado. Que me aleja de las desgracias, que está ahí. Que se esfuerza para que yo sea menos infeliz. Que soy más humana. Su humana. Diles que es mi vida entera. Diles que él.
Él.


Diles que perdí personas pero gané otras (mejores). Que conservé hermanos/as y que perdí a otros/as. Que me duele pero que venceremos…

También diles que me he hecho fuerte en un cuerpo débil. Que corre, bebe, ríe, sufre... Hasta el tope, para algo, alguien. Diles que les valga madre todo y corran, y vayan ahí, a ese abrazo, esa hoja, esa pinche nube con cara de conejo. Diles que sean libres, que la libertad es tener alas y seguir caminando. Diles que respiren, ¡respira! Pasará, esto, tú, ellos, yo. Todo. Pasará. Habrá algo que nos calme. Diles que ahí, en eso, radica la felicidad. Que es posible. Que existe. ¡Que fuerza! Diles que también soy humana y que acá sigo. Dándolo todo. Porque debemos. Porque así es. Porque carajo…
Venceremos.


31/12/2015
Brenda Castillo

octubre 03, 2015

Violines para callarlas




La niña simulaba sostener del cuello a su madre, ésta la mecía mientras que, absorta en sus pensamientos, anhelaba gritar. Todos, a pesar de la tardanza, el café y los cirios, parecían comprender la demora del tren; por su parte, Anechka y Vinicio Kozlov se comían en secreto, sus pensamientos los remontaba a la cama en donde él le comía los senos y ella gemía de placer, tocándolo. Ambos se insinuaban con los ojos los deseos que tenían por acariciarse y perderse entre sábanas sucias y juegos eróticos.
            Anechka Kozlov desconocía la moral del mundo, el tener los ojos en blanco y la lengua erecta era para ella la única forma de respirar. Vinicio Kozlov, taciturno, participe, menudo. Parecía que su ser había sido confeccionado por ella, su cátedra, su madre adoptiva. Buscaba el hogar, la paz, paz ajena que lo complementara. Algo había en su mesura el que mundo conocía. Que Anechka ocupaba.
            A lo lejos de ellos, pero cerca de nosotros, había un hombre pelirrojo tocando un violín. Elevaba y dejaba caer el sonido con cierta irresponsabilidad en sus manos. Ojos inquietos contemplaban la escena, él, se ofrendaba en seducir ese pedazo de madera con cuerdas. Ahí en el aire, tocaba con la esperanza, la pérdida, el cierre o la liberación. Él lo desconocía, tenía el poder, lo arrojaba al vierto y lo atrapaba con descuido. Brutalidad. Excelencia. Ésta, se esfumó de su tacto al dejar caer una lágrima. Vinicio Kozlov lo notó. Nadie, a mitad del duelo, quiso acceder.
            Tomó su maleta, sacó un violín. Un grito de horror irreparable quebrantó las miradas. Vinicio Kozlov comenzó a tocar. Silencio. Música. Oídos huérfanos adoptaron la solidaridad.
            Llegó el tren. Anechka Kozlov tomó su maleta. El pelirrojo recogió a la niña de los brazos de su madre. La devolvió al féretro. Vinicio Kozlov continuó tocando. La madre deshecha en llanto. El pelirrojo regresó hacia mí. Le pasé su violín. Vinicio Kozlov bajó el suyo. El pelirrojo elevó su poder. Vinicio Kozlov subió al tren. Bajaron la tapa de nuestros féretros. Anechka Kozlov se quedó en la terminal.

            No pudo mirar a Vinicio Kozlov partir.

                                                                                           



                                                                                                          Brenda Castillo

septiembre 20, 2015




 Apártense,
voy a escribir una historia.
Hablará de nubes,
mis debilidades.

Confessio



Siempre habrá pájaros que picoteen tu siembra.

Hay personas cercanas a mí que me recomiendan participar en concursos literarios, exponer lo que escribo a través de convocatorias y esas cosas, yo no me atrevo porque pienso “siempre existirá alguien mejor que tú”, y en efecto: siempre está ese alguien que te revienta las pelotas. Y está bien, fue su oportunidad, ese alguien tuvo lo que tú no y por ende ganó el concurso. Esto puede sonar un poco resentido y sí, el punto es dramatizar porque, vamos, así se maneja la energía por dentro (creo).

Últimamente he notado que la gente que estudia lo mismo que yo se aleja de mí, ¿por qué? Una vez, en clase de retórica, di mi opinión acerca de la poesía experimental… no fue grata, algunos me miraron con furia, no acostumbro a ser la Persona Participativa de la clase porque carezco de labia y seguridad y ese tipo de cosas, pero esa vez di mi opinión y me fue mal.
Me pregunto qué hay de malo en eso, quisiera escucharme, tal vez sea mi manera poco sutil de decir mis ideas, o mis gestos, o no sé, algo mal debe haber en mí.

Hay mucho miedo que me detiene para hacer tantas cosas. Antes de comenzar la carrera mi sueño era publicar mis libros y ser leída. Ahora, que estoy casi por terminar, mi objetivo es otro… Tal vez esté alejado de publicar, siempre habrá pájaros que picoteen tu siembra, nunca tendrás nada perfecto. Escribir es un acto suicida y sé que alguien ya lo dijo porque alguien siempre se adelanta en todo. Es cierto, escribir es un acto suicida, es casi un delito porque habrá quien te golpee hasta verte en el fondo, y yo soy débil ¿sabes? La vida se nos está yendo, ¿por qué ser maltratada de esa manera?

En fin.




BC

julio 06, 2015


Oscilarás




Golpearás los muebles con tu cuerpo. Creerás que oscilar es normal. Saludarás a tu madre sin mirarla a los ojos. Ella te hablará. Tú responderás. Habrá diálogo entre su ausencia. Saldrás de tu casa. Tarde. Tomarás el autobús. Hallarás un lugar desocupado. Sentirás presión. Es tarde. Alivio. Podrás leer. Subirá una mujer con el vientre mórbido. En él una niña le pateará el hígado. Nadie le cederá el asiento. Todos se harán los imbéciles. Te levantarás. Ella te mostrará una sonrisa. Retendrá vómito en su boca porque estará mareada. Se sentará. Te aferrarás al tubo horizontal que vislumbra una posible seguridad. Oscilarás. Guardarás tu libro en el bolso. Serás la única de pie. Las bestias te observarán. Te minimizarán con sus podridas miradas. Mirarás el rostro de la mujer preñada. Notarás que su piel cambia de color. Te acomodarás el fleco que resbala sobre tu frente. Tendrás ambas manos libres. Un auto se estrellará en el autobús. Todo tu cuerpo caerá sobre la mujer. Gritarán espantosamente. Tu bolsa saldrá por la puerta. Te golpearás la frente y tu hombro se dislocará. Entrarás en chock. Te desmayarás. Abrirás los ojos en medio de la calle Arboleda. Habrá gente a tu alrededor y paramédicos salvando a los más graves. Intentarás levantarte para buscar a la mujer embarazada. Gritarás de miedo. Angustia. Dolor. Tu blusa blanca estará manchada de sangre y de vómito ajeno. Tu jefe te despedirá por impuntual. Tu madre se quitará la vida dos semanas después del accidente. Envejecerás lejos. Recordarás aquel día todos los días. Un hombre de civil te dirá que todo saldrá bien. Te dolerá el hombro. Seguirás gritando. El hombre te dirá que es estudiante de medicina. Se quitará el saco y te cubrirá el cuerpo. Te acomodará el hombro. Será el dolor físico más fuerte que sientas. Llegará otra patrulla. Te subirán en una camilla. El paramédico te preguntará cómo te llamas. Estarás aturdida. El hombre de civil te sostendrá la mano. Lo odiarás por el dolor que te causará. Te sedarán para que dejes de gritar.
                Desconocerás qué pasa. Se nublará tu memoria.
Abrirás los ojos. Preguntarás por la mujer. La enfermera te dirá que murió pero que la bebé estará bien. Todo te dará vueltas. Sentirás asco de estar dentro de una burbuja llena de gente enferma. No dirás nada.
Sanarás pronto. Te sentirás incapaz de volver a subir a un autobús. Vivirás con la imagen de la mujer muerta. De la hija huérfana. De las bestias egoístas que no cedieron su cárcel.
Recibirás una nota. Dirá asesina.
 Volverás a nacer.


                                                                                                
                                                                                                    Brenda Castillo





Desborde



Haré una colina para tenerte ahí, en mis recuerdos, y no alejarte con mi egoísmo. Te sembraré zanahorias y manzanas amarillas. Le pondré nubes al cielo y dejaré que un pájaro muera sobre tu pasto para que crezca una flor.

            Mañana también será hoy, nada habrá pasado, estarás aquí y mi alma no se sentirá sola.

                                                                                 

                                                                                        Brenda Castillo 

junio 07, 2015

Afonismos



I.
Dice esa persona que no hay que aislarnos, y me parece increíble. Me alejé de ella.


II.
 La verdadera tragedia te deja los labios llenos de amor.


III.
Me contradigo y me celebro.


IV.
Olvidar es reencontrarse.

V.
Porque desconfío de mi memoria, dime en dónde te perderé y a qué hora paso por ti.


BC

Narratario:





Te escribo porque (no) me conoces y porque tal vez me entiendas. Te escribo porque ya no tengo ánimos de escribirme. Te escribo porque me lees y eso me basta.
Hace poco te anuncié que sonreía para demostrar que me duele, que sufro. Quisiera decirte que es mentira y que intenté hacer una contrariedad del ímpetu que implica sonreír. Pero no es cierto, dije, esta vez, la verdad. Y me agobia declarar irresponsablemente que finjo, que algo muy grave sostiene esta médula espinal. Sé que me recomendarás el alcohol. Yo prefiero arrimarme al desasosiego de otras personas que al igual que yo están hartas de su dolencia. Pero luego me cohíbo porque recuerdo que a veces me siento f e l i z. Estoy cansada. Me pregunto si tú también lo estás. Llevamos tiempo reconociendo el error: La Vida. ¿Y qué hacemos al respecto? Buscar opciones. Ya no me puedo pudrir como antes porque… porque no sé. Sonrío, pero no pienses que es por cosas buenas sino ten en mente que nada ni nadie saciará este desapego a la neutralidad.

Tú sabes qué hacer conmigo. Termíname.





Brenda Castillo





Me tienes aquí una vez más.

Sabes qué hacer conmigo.



abril 02, 2015

Reserva




Autor desconocido




Tuve cierta libertad
estando
ausente
la sentía
más oscuro
era
            todo
y todo
            son
caricias
que suele dar
            el alma
            cuando el ojo
no para de       sangrar.


                                                                                    


Brenda Castillo




Acá






un fragmento que completa mi dolencia:


     
    Tú.








                                                                                                                                       BC







enero 02, 2015

.

           

              Colles  



qué importancia tiene
un recuerdo
insuperable

 no enfaticemos

la esencia 
             es la misma
para evocar un paso
cuadro
cuerpo
basta con hacer uso de mi voz

            captura
interpretar el cielo
que no es
es boca
            come
historias

abstraerse
en nube
ruptura

presente

necesidad de una claridad utópica
un lente
mi imaginación
y de una pareja
a lo lejos
que se quiere
            o se odia
se tocan
por encima de la ropa
se hacen el amor
y ni siquiera se aman

            existe el uno ante el otro
            tras su distancia
la mía
el universo

verdaderamente eso
es
lo necesito

yo estoy sintiendo sus caricias son jóvenes se tocan como bestias hambrientas queriéndose filtrar en la piel del otro
absorbiéndose
devorándose
arrancándose las bocas

tienen hambre

observo
en cada parpadeo
les hago un funeral

pasa un cielo

          observamos

lo perciben
se saben usurpados
            imputaremos sus formas
un extraño se llevará esas almas

se intimidan
abrazos
tal vez
en ese momento
se aman
porque se saben

espiritualmente

 ultrajados

tal vez
el amor aviva
en ellos

él se acerca

ella corre porque le aterra amar corre llevándose consigo las caricias de ese diablo intento hacer una mueca para que él vaya tras ella está molesto como toro no quiere ser una lápida  me golpeará tanto que habré de perder la memoria sus besos el hálito de entrega pueril deseo

respiro
las últimas imágenes del día
miro el cielo
es tan raso aquel
hay tanta paz ahí
         como en la morgue

de pronto
lágrimas opacan mi vista
comprendo
triste
         nos hice tanto mal

cierro los ojos
guardo las armas 

  el viento nos pasa
  
quizá

olvide





                                                                                      Brenda Castillo





(inspirado en las babas del diablo)






Creación antisocial:

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