febrero 07, 2016

Seis películas para prolongar la agonía (primera parte)





En una de mis cintas predilectas aparece el salmo: “Si quiere acabar con su vida, no necesita matarse”, y sí, sólo necesita vivir para estar muriendo, y esas cosas.
En esta ocasión la encuesta en Twitter fue películas o novelas, usted, apreciable lector, escogió películas; así que hoy, un domingo tóxico, le recomendaré los seis largometrajes que desvencijaron mi alma. Sí, una vez más esta lista estará basada en mi gusto personal, perdone. Por otro lado, dividí la lista para recomendar más. [Traté de poner las “menos conocidas” pero creo que fallé en el intento. En fin…]

6.- La tumba de las luciérnagas de Isao Takahata (1988): Me era necesario comenzar esta lista con algo de Ghibli porque considero que es fascinante su trabajo y éste, en particular, arde. Arde la impotencia, la realidad y la ternura. Habla sobre dos hermanitos que sufren mucho por la culpa de gente que usa armas para engordar su poder… ¿Te suena familiar?

5.- Candy de Neil Armfield (2006): El poeta y la artista juntan su abismo para llegar al límite; ¿qué tan mal estás para destruirte por el otro? o ¿qué tan mal está la estructura social para engendrar a personas así? Bueh, es una película dramática y mira, cada que leas “drama” debes tomar en cuenta que el final no será convencional porque de eso va el drama. Pero apuesta por éste, porque si no lo haces un dios griego morirá en un Starbucks.

4.- Repugnante de Jon S. Baird (2013): Si viste Trainspotting, esta cinta te gustará [Dato, ambas están inspiradas en las novelas de Irvine Welsh], [consejo, si no has visto Trainspotting, vela (no entra en la lista porque consideré es una película bastante conocida pero es de mis favoritas)]. Repugnante habla sobre un detective que se pasa de cabrón y a su vida le llega eso que se llama Causa y Efecto. Rebuena.

3.- El padrino de Francis Ford Coppola (1972): Según yo intenté recomendar películas no tan conocida pero El Padrino, todas, merecen estar en este mundo. Habla sobre la mafia italiana, la traición, la familia y el espagueti.

2.- Mr. Nobody de Jaco Van Dormael (2009): [El soundtrack es maravilloso]. Dura más de dos hrs, tome sus precauciones. De a ratos se vuelve tediosa pero es una joya. Los espacios de ambigüedad desarrollan su estética. Si a usted le gustan las matrioskas y el amor, esta película es suya. Llévesela, arrópela, dele comida.

1.- Contra la pared de Fatih Akın (2004): Esta belleza la vi en estado de ebriedad y dije “woooh, qué peliculón”, luego la vi sobria y dije: “¡es mía, mía, mía para siempre!” (dramatización incluida). Es oro puro. Comúnmente la recomiendo a muy pocas personas porque de verdad es de mis favoritas, pero oye, hay que hacer comunidad, así que va para todos (:D). Habla de la agonía existencial: amor, sexo, drogas… Recomiendo la vean en sobriedad, de lo contrario irán por una botella de cerveza y se cortarán las venas. O sólo se beberán la cerveza…


(Esperen con ansias la segunda parte).

Brenda Castillo
(@Ladurie_)



enero 31, 2016

Para leer con una copa de cianuro



El año pasado pregunté en Twitter que qué les gustaría que les recomendara. Las opciones fueron: libros, películas, alcohol o las tres opciones, y sí, ganó esta última; así que esto me llevó a la reflexión. Y hoy, un domingo cualquiera (tengo mucha tarea pero también tengo ganas de recomendar), les recomendaré seis maravillosos cuentos que tienen que leer si realmente son poetas malditos (o sólo si les gusta leer). Esta lista está basada en mi peculiar y taciturno tacto, espero os guste.



6.- “Rubén” de Luis Britto. 
         Si es texto breve, con oraciones cortas: es seguro que me gustará. “Rubén” es un cuento fronterizo, cíclico y estremecedor. Te sentirás él, sabrás por lo que pasa. Ahora eres Rubén. Busca a Britto: persíguelo.

5.- “Manos” de Sherwood Anderson. 
          Este cuento lo leí la semana pasada y es fascinante, de verdad. A pesar de ser corto, su análisis literario es imprescindible. Sherwood es considerado el padre de la narrativa breve, y sí. Y mucho.

4.- “El ahogado más hermoso del mundo” de Gabriel García Márquez. 
            Éste es uno de esos relatos que lees en el pasado y lo recuerdas con una sonrisa en el presente. En lo personal me encantan los cuentos de García Márquez porque tienen esa poesía que habita en tu memoria. Para siempre.

3.- “Colinas como elefantes blancos” de Ernest Hemingway. 
      Para aquellos que desconocen la narratología, posiblemente este cuento sea sólo bueno, pero para los otros, estas personas que más o menos conocemos sobre el tema, sabremos que el diálogo, la focalización, los símbolos; hacen de este cuento un cuento impetuoso, entrañable, desgarrador, triste. Para mí, evidentemente, primordial.

2.- “Las manos que crecen” de Julio Cortázar. 
          Es necesario reproducir la ominosidad de esta historia, cuando lo leí pensé, en serio, que algún día me pasaría lo mismo, ¿por qué? Porque Cortázar es cátedra, es magia, es. No sólo hay que leerlo superficialmente, hay que profundizar en éste y en todos sus cuentos. Satisfacción garantizada o le devolvemos su dinero.

1.- “¡Adiós, Cordera!” de Leopoldo Alas. 
           Si se trata de llanto, éste. Cuando lo leí me caí de tristeza, pero el relato no se debe leer sólo para cercenarnos por dentro, ya que está perfectamente escrito y… bueno, sí es para cercenarse por dentro. Recomiendo pañuelos, una copita de cianuro y hasta la próxima.



Brenda Castillo
(@Ladurie_)

diciembre 31, 2015

Fue



Diles que me destrocé los huesos un par de veces. O que ayudé a alguien a cruzar la calle. O que traicioné… Que callé. Que herí. Que ayudé.
            Caí.

Diles que lloré mucho. (Que este año tuve menos crisis). Que estuve algo sola… Pero que amé. Amé mucho. Y reí. Suspiré.
Eso me sostuvo todo este tiempo.

Diles que este año ha sido el más cabrón de todos, de golpe mis mujeres comenzaron a decaer y yo junto con ellas. Diles que mi alma se iba calcinando cada vez que ellas visitaban un hospital. Diles que morí cuando esos cabrones no le encontraban la vena para administrarle el suero. Diles que no pude dormir en el piso del hospital. Pero que estuve despierta. Cuidándola.
Diles, en general, que se nos rompió la cadera. Que nos cayó cáncer. (Que nos dio en la madre).
Que tendremos que vencer…

Diles que aquella vez en las escaleras de la universidad, le llamé a mi papá y, llorando inusitadamente, le dije que tenía un problema... Diles que lo solucioné y que de eso estoy aprendiendo muchísimo. Que ahora soy un poco más fuerte y que ya no me da tanto miedo pedir
ayuda.

Diles que di clases. Que los apoyé mucho. Que les regalé risas. Que me guardarán en sus memorias. Que ellos estarán en la mía
para siempre.

(Diles que hay personas que creen en mí. Diles que ella, por ejemplo, me dijo que yo era una excelente narradora. Que casi termino la carrera. Que casi…)


Diles, también, que alguien me obligó a ser feliz, que amo demasiado. Diles que ese alguien me devolvió la dermis. Diles que la verdadera calma existe en mí cuando estoy a su lado. Que me aleja de las desgracias, que está ahí. Que se esfuerza para que yo sea menos infeliz. Que soy más humana. Su humana. Diles que es mi vida entera. Diles que él.
Él.


Diles que perdí personas pero gané otras (mejores). Que conservé hermanos/as y que perdí a otros/as. Que me duele pero que venceremos…

También diles que me he hecho fuerte en un cuerpo débil. Que corre, bebe, ríe, sufre... Hasta el tope, para algo, alguien. Diles que les valga madre todo y corran, y vayan ahí, a ese abrazo, esa hoja, esa pinche nube con cara de conejo. Diles que sean libres, que la libertad es tener alas y seguir caminando. Diles que respiren, ¡respira! Pasará, esto, tú, ellos, yo. Todo. Pasará. Habrá algo que nos calme. Diles que ahí, en eso, radica la felicidad. Que es posible. Que existe. ¡Que fuerza! Diles que también soy humana y que acá sigo. Dándolo todo. Porque debemos. Porque así es. Porque carajo…
Venceremos.


31/12/2015
Brenda Castillo

octubre 03, 2015

Violines para callarlas




La niña simulaba sostener del cuello a su madre, ésta la mecía mientras que, absorta en sus pensamientos, anhelaba gritar. Todos, a pesar de la tardanza, el café y los cirios, parecían comprender la demora del tren; por su parte, Anechka y Vinicio Kozlov se comían en secreto, sus pensamientos los remontaba a la cama en donde él le comía los senos y ella gemía de placer, tocándolo. Ambos se insinuaban con los ojos los deseos que tenían por acariciarse y perderse entre sábanas sucias y juegos eróticos.
            Anechka Kozlov desconocía la moral del mundo, el tener los ojos en blanco y la lengua erecta era para ella la única forma de respirar. Vinicio Kozlov, taciturno, participe, menudo. Parecía que su ser había sido confeccionado por ella, su cátedra, su madre adoptiva. Buscaba el hogar, la paz, paz ajena que lo complementara. Algo había en su mesura el que mundo conocía. Que Anechka ocupaba.
            A lo lejos de ellos, pero cerca de nosotros, había un hombre pelirrojo tocando un violín. Elevaba y dejaba caer el sonido con cierta irresponsabilidad en sus manos. Ojos inquietos contemplaban la escena, él, se ofrendaba en seducir ese pedazo de madera con cuerdas. Ahí en el aire, tocaba con la esperanza, la pérdida, el cierre o la liberación. Él lo desconocía, tenía el poder, lo arrojaba al vierto y lo atrapaba con descuido. Brutalidad. Excelencia. Ésta, se esfumó de su tacto al dejar caer una lágrima. Vinicio Kozlov lo notó. Nadie, a mitad del duelo, quiso acceder.
            Tomó su maleta, sacó un violín. Un grito de horror irreparable quebrantó las miradas. Vinicio Kozlov comenzó a tocar. Silencio. Música. Oídos huérfanos adoptaron la solidaridad.
            Llegó el tren. Anechka Kozlov tomó su maleta. El pelirrojo recogió a la niña de los brazos de su madre. La devolvió al féretro. Vinicio Kozlov continuó tocando. La madre deshecha en llanto. El pelirrojo regresó hacia mí. Le pasé su violín. Vinicio Kozlov bajó el suyo. El pelirrojo elevó su poder. Vinicio Kozlov subió al tren. Bajaron la tapa de nuestros féretros. Anechka Kozlov se quedó en la terminal.

            No pudo mirar a Vinicio Kozlov partir.

                                                                                           



                                                                                                          Brenda Castillo

septiembre 20, 2015




 Apártense,
voy a escribir una historia.
Hablará de nubes,
mis debilidades.

Creación antisocial:

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